lunes, 1 de junio de 2015

NUEVAS IDEAS Las dos investigaciones ganadoras del concurso AEDA 2015


Por Javier Lewkowicz

Buena parte de los economistas heterodoxos argentinos dejaron planteados días atrás los próximos desafíos para la economía argentina.

El sexto congreso anual de la Asociación de Economía para el Desarrollo de la Argentina (AEDA) tuvo como disertantes principales al ministro de Economía, Axel Kicillof, el presidente del Banco Central, Alejandro Vanoli, y el profesor Aldo Ferrer, entre otros, cuyas presentaciones fueron oportunamente cubiertas por los medios.

Pero además se enviaron casi cien trabajos académicos, cuyos autores, en muchos casos, participaron de las mesas de trabajo del congreso.

Cash enumera los temas de investigación y el recorrido de la entidad y presenta los lineamientos principales de dos investigaciones premiadas.

AEDA nació a fines de 2008, un año de quiebre en la relación del Gobierno con las corporaciones empresarias y en la militancia política.

Actualmente tiene unos 300 profesionales asociados, en donde predominan los economistas.

Para este congreso se presentaron trabajos con interrogantes sobre la inserción comercial internacional argentina, la industrialización y la crisis financiera global.

También se abordó el nivel de calidad de vida en distintos distritos del país, aspectos de la geografía económica, la desigualdad de ingresos y territorial y las condiciones de trabajo a nivel regional.

En el plano sectorial, hay trabajos sobre la posición de las pymes locales en las cadenas globales de valor, la industria automotriz, el sector energético, de innovación, del software, la siderurgia, bienes de capital, el sistema ferroviario, la logística y los biofármacos.

Además, en al congreso se analizó el programa de precios cuidados, la seguridad social, el rol del Banco Central y de la banca pública en la promoción del desarrollo y el caso del BNDS, los móviles de la fuga de capitales y precios de transferencia, entre otros temas.

Esta apuesta académica, que creció a lo largo de los últimos años, contrasta con los debates que dominan los paneles de los economistas ligados al establishment, frecuentemente preocupados por los “modelos a seguir” (desde Estados Unidos a España, pasando por Perú o Sudáfrica), las reglas de juego y los desmanes del populismo, la apuesta a ver cuándo se termina la “fiesta K”, la nostalgia por la Argentina exclusiva del Centenario o las bondades de la desregulación, en un mundo donde las tradicionales economías liberales enfrentan graves desequilibrios y los países con planificación económica e intervención masiva del Estado avanzan a paso firme.

En la conducción de AEDA está Fernando Peirano, subsecretario de Políticas en Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva; Paula Español, subsecretaria de Comercio Exterior; Andrés Tavosnanska, director nacional de Gestión Comercial Externa, y Cecilia Fernández Bugna, directora del Banco Nación.

Son economistas que se incorporaron a la gestión pública en los últimos años al igual que Kicillof, el viceministro Emmanuel Alvarez Agis, el secretario de Comercio, Augusto Costa, la subsecretaria de Coordinación Económica y Mejora de la Competitividad, Mariana González, y el vicepresidente de Administración y Finanzas de YPF, Nicolás Arceo, entre otros funcionarios ligados a la gestión del ministro.

Por cercanía ideológica y militancia desde la etapa universitaria, ambos grupos forman parte del mismo colectivo.

Una de las novedades del sexto congreso fue la entrega de premios.

El primer puesto fue para Ana Gárriz y Demian Panigo, por su trabajo “El impacto de la Política Automotriz Común (PAC) sobre la industria autopartista de Argentina y Brasil” y el segundo, para Demián Dalle y Guido Zack, por “Elasticidades del comercio exterior de la Argentina: ¿Una limitación para el crecimiento?”.

Ambos trabajos se detallan a continuación.

En tercer lugar fueron premiados Virginia Fernández y Marcelo Curado por su trabajo “La inserción externa de la Argentina: un estudio sobre la relevancia de los recursos naturales en el patrón de exportaciones, la competitividad y el comercio intraindustrial entre 1985 y 2010”.

Tapa cash

GARRIZ Y PANIGO. LA INVESTIGACION GANADORA DEL CONCURSO AEDA

La Política Automotriz Común

Por Javier Lewkowicz

“La Política Automotriz Común (PAC) pareciera haber contribuido a la consolidación de un perfil brasileño-dependiente de la industria autopartista local, causa fundamental de su fragilidad externa”, es una de las conclusiones principales de Ana Gárriz y Demian Panigo en su trabajo “El impacto de la Política Automotriz Común sobre la industria autopartista argentina”, ganador del concurso Nuevas ideas para el Desarrollo en el sexto congreso de AEDA.

Los investigadores advierten que la industria automotriz a nivel global se despliega bajo entramados institucionales de protección.

La particularidad en Argentina y Brasil es que las regulaciones en ambos países han intentado, además de promover el comercio intrabloque, crear un complejo automotor sustentable a nivel externo, es decir, balanceado en términos de divisas, según los objetivos planteados en las normas que definen el entramado institucional.

El instrumento más relevante de regulación del sector es la Política Automotriz Común (PAC) establecida en 1990, que ofrece protección arancelaria respecto de terceros mercados y desgravación tributaria hacia adentro del bloque Mercosur.

Uno de los objetivos explicitados en ese momento era el de “mejorar el balance de divisas, tendiendo a generar saldos positivos en el intercambio con terceros países”.

En ese punto, Gárriz y Panigo advierten que la evolución del sector en Argentina y en Brasil pone en tela de juicio la efectividad del acuerdo.

Ofrecen entonces los datos del desequilibrio comercial durante todo el período de vigencia de la PAC.

A modo de ejemplo, en 2013 Argentina registró un déficit del bloque automotor (autos + autopartes) de 6300 millones de dólares, mientras que en Brasil ese cifra se elevó a 11 mil millones.

La desventaja adicional para Argentina es que parte del déficit se explica por Brasil, ya que se le compra el país vecino 1500 millones más de lo que se le vende.

Tanto Argentina como Brasil se beneficiaron del incremento del comercio por el esquema regulatorio, aunque el país vecino lo hizo en mayor medida. Incluso los autores destacan que Brasil “ha utilizado al bloque como un refugio ante la caída de sus mercados extrazona tras la crisis internacional”.

En cambio, la PAC no fue efectiva para promover a la región como una plataforma de exportación, de ahí el déficit comercial estructural, aunque en ese caso también la situación de Brasil queda un poco matizada, ya que los autores advierten que en ciertos períodos “hubo impacto exportador positivo en Carrocería y Chasis y sistema de transmisión y Motores y Partes”.

“Si bien la PAC ha sido beneficiosa para Argentina, pareciera haber contribuido a la consolidación de un perfil brasileño-dependiente de la industria autopartista local, causa fundamental de su fragilidad externa”, consideran Gárriz y Panigo.

Este año los gobiernos de ambos países tienen que renegociar la PAC. La posibilidad más cierta es que se vuelva a prorrogar su vigencia por un año, como sucedió en 2014.

Eso echaría por tierra la intención de Argentina de desdoblar el coeficiente flex –que define el máximo desequilibrio comercial posible– en función de los dos segmentos que componen el complejo automotriz: vehículos y autopartes.

El gobierno nacional también busca que Brasil incorpore a las autopartes argentinas dentro de su plan de beneficios fiscales (Plan Innovar-Auto).

Gárriz y Panigo entienden que esas propuestas representarían un avance “en pos de apuntalar el desarrollo autopartista de nuestro país”



ZACK Y DALLE. 2º PUESTO DEL CONCURSO AEDA

Elasticidades del comercio exterior

Por Javier Lewkowicz

¿Cómo evoluciona el resultado del comercio exterior cuando el país crece? y ¿cuándo se modifica el tipo de cambio?

Esas preguntas, importantes para pensar la dinámica económica argentina de largo plazo, respondieron Guido Zack y Demián Dalle en su trabajo “Elasticidades del comercio exterior de la Argentina: ¿una limitación para el desarrollo”, ganador del segundo puesto del concurso “Nuevas ideas para el desarrollo” del congreso de AEDA.

Los investigadores concluyen que a medida que la economía crece las importaciones suben a un ritmo que duplica el de las exportaciones y que la devaluación no mejora esa tendencia al déficit. La solución sostenible es modificar la estructura productiva.

Las elasticidades del comercio exterior miden el porcentaje de variación de las cantidades exportadas e importadas ante un cambio porcentual de otras variables, como puede ser el PBI o el tipo de cambio.

La Argentina, al igual que la mayor parte de los países latinoamericanos y en desarrollo, presenta históricamente una elasticidad ingreso de las importaciones mayor a la de las exportaciones.

“De hecho, al excluir el efecto de la variación de los precios internacionales, en los últimos 10 años el crecimiento de las cantidades importadas de América Latina duplicó al de las cantidades exportadas”, explican Zack y Dalle.

En el trabajo utilizan datos trimestrales desde 1996 hasta 2013.

A través de regresiones matemáticas los autores concluyen que la elasticidad ingreso (PBI) de largo plazo de las importaciones duplica a la de las exportaciones.

Por eso, “la Argentina no puede crecer al mismo ritmo que sus socios comerciales sin que se genere un déficit de la balanza comercial”, plantean.

La explicación de fondo es que el crecimiento de la economía argentina requiere insumos y maquinarias importadas y que no necesariamente estimula las exportaciones.

“Una herramienta de política que posee el Estado para paliar esta situación es el tipo de cambio.

Pero, como se desprende de los resultados, una depreciación de la moneda tiene un efecto limitado sobre las importaciones y más reducido aún sobre las exportaciones.

De esta forma, las variaciones en el tipo de cambio no serían efectivas para equilibrar el saldo comercial”, continúan los autores.

Además, advierten que las elasticidades de exportaciones e importaciones respecto al PBI y al tipo de cambio se mantuvieron en torno a los mismos valores durante los períodos 1996-2001 y 2002-2013.

Es decir que la crisis de 2001 o el régimen económico pro-industrial de estos últimos años no generó una modificación de magnitud en la estructura económica nacional.

“Las elasticidades del comercio exterior son una variable fundamental a la hora de entender uno de los principales obstáculos al crecimiento que enfrentan muchos países en desarrollo: la necesidad de divisas.

Esta necesidad de financiamiento puede satisfacerse a través de endeudamiento externo o bien aprovechando ciertos momentos de términos de intercambio favorables.

De cualquier manera, ninguna de estas dos opciones es una solución sostenible, ya que el endeudamiento tiene un límite y los términos de intercambio son volátiles y se encuentran fuera del control individual de los Estados”, analizan Zack y Dalle.

“La dificultad que enfrenta la Argentina para generar un proceso de desarrollo de largo plazo tiene un fundamento en la estructura productiva, la cual no es fácilmente modificable y, en cualquier caso, tal modificación llevaría un largo período de tiempo.

Mientras tanto, el crecimiento del país generará indefectiblemente una tendencia al déficit comercial.

Por eso que resulta indispensable coordinar políticas cambiarias, de administración del comercio exterior y una gestión contracíclica de los flujos de capitales”, concluyen los autores

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